La evitación experiencial es un patrón de comportamiento de evitación cuando la persona no desea ponerse en contacto con sus experiencias internas. Cuando se percibe una discrepancia entre las metas que uno persigue en la vida (las que desea realmente y valora), lo que hace y lo que consigue, existe una mayor probabilidad de que tengan lugar formas de evitación.

Los valores de nuestra sociedad tienden a equiparar la felicidad a la ausencia de dolor, ausencia de problemas, ausencia de preocupaciones y de ansiedad, a la vez que a la presencia de ciertos niveles económicos y valores estéticos (Dougher, 1994). En consecuencia sentirse bien se contrapone a sufrir, siendo lo primero contemplado como normal y por derivación, el sufrimiento como lo anormal (Wilson y Luciano, 2007). En este contexto no es de extrañar que esta contraposición de valores sea el caldo de cultivo que propicie todo tipo de psicopatologías mediadas por la evitación experiencial como problema dominante.

El concepto de evitación experiencial surge en el marco las terapias de tercera generación, en concreto de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) de Wilson y Luciano (2007). Desde esta perspectiva la evitación experiencial es entendida como un constructo genérico aplicable a multitud de problemas psicológicos, esto es como una variable transdiagnóstica (transversal a diferentes trastornos psicopatológicos). No obstante la evitación como tal es un concepto central en psicología, casi tan antiguo como la propia disciplina, que se encuentra presente en la mayoría de las psicopatologías existentes.

  • Fobia específica: en este tipo de problemas la evitación se da de forma circunscrita al objeto concreto al que se teme (animales, situaciones, sangre, inyecciones o heridas, ambientes naturales).
  • Agorafobia: se evitan lugares concurridos, estar solo fuera de casa, restaurantes, centros comerciales, espacios cerrados… Hasta el punto de llevar a la persona a quedarse encerrada en su casa en los casos más graves.
  • Trastorno de ansiedad generalizada (TAG): la preocupación es la característica nuclear del TAG, por múltiples aspectos de la vida y especialmente sobre el futuro. Esto implica el empleo de dos modos de afrontamiento; vigilar y evitar a través de las propias preocupaciones pensando que estas tienen utilidad.
  • Trastorno obsesivo compulsivo (TOC): en este caso lo que se evita son pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes que se experimentan como intrusos e inapropiados. Como herramienta de evitación se recurre a las compulsiones características de este cuadro, bien a través de estrategias mentales (contar hacia atrás, repetir una palabra…) o comportamentales (lavarse las manos repetidamente, subir las escaleras de dos en dos…)
  • Trastorno depresivo mayor (TDM): sin duda la depresión es toda una forma de evitación. La tristeza y la anhedonia (pérdida de capacidad para sentir placer) conducen a la persona que lo padece a la evitación del ambiente, las actividades, las personas y los medios que de forma natural procuran satisfacciones. No en vano el tratamiento de elección para la depresión es la Activación Conductual.
  • Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT): haber sido víctima o haber estado expuesto a un acontecimiento traumático puede dar lugar a este grave trastorno en el que, entre otros síntomas, la evitación persistente a los estímulos asociados al trauma (lugares, objetos, actividades, recuerdos…) es un síntoma central.

Desde la perspectiva de los trastornos específicos vemos que la evitación es un síntoma común a muchos de ellos. Lo interesante de plantear la Evitación Experiencial como una variable transdiagnóstica es el hecho de prescindir de etiquetas diagnósticas y ser aplicable a innumerables problemas sin necesidad de “patologizar” lo que en muchas ocasiones son problemas naturales de la vida cotidiana frente a los que es suficiente una ayuda puntual.

El sufrimiento psicológico es indisociable de la vida humana. Asimismo evitar no es patológico, puesto que aplacar el sufrimiento es tan natural como el sufrimiento mismo. Es patológico cuando los esfuerzos deliberados por evitar los sucesos aversivos limitan la vida de las personas y lo que desearían hacer de ella. En definitiva se adopta una forma de solución que en realidad es el problema. Lejos de resolver, la evitación se interpone entre la persona y sus metas vitales llevándola a un callejón sin salida.

 

Referencias

Dougher, M. (1994). The act of acceptance. Acceptance and Change: Content and Context in Psychotherapy. Hayes, S., Jacobson, N., Follette, V. Y Dougher, M. (eds.). Reno: Context Press.

Wilson, K.G., Luciano Soriano, C. (2007). Terapia de aceptación y compromiso (ACT): un tratamiento conductual orientado a los valores. Madrid: Pirámide.